Madre del cuento de hadas,

Tómame de tu mano.

Navegando en tu barco

llévame en silencio

Madre del cuento de hadas,

llévame a tu gran país.

“Los cuentos se remontan a un pasado tan lejano que nadie puede recordar, pero a través de ellos nos ha llegado el rumor de una magia, que ha alimentado el alma infantil generación tras generación. Y aunque es cierto que, durante algún tiempo este mundo mágico y soñador ha sido desprestigiado, no es menos cierto que el alma sabia de los niños reclama, una y otra vez, ese alimento de imágenes profundas, cuando repite cada noche: ¡Cuéntame un cuento, por favor!”, María Jezabel Pastor

 

Esta “llamada de atención” acera de la importancia de los cuentos, secundada por multitud de escritores, psicólogos y niñas, que con sus miradas infantiles e inocentes nos piden sin palabras que les permitamos seguir desarrollando su fantasía e imaginación a través de la palabra viva y  hablada.

Hoy, en medio de un mundo lleno de información, donde la tecnología y los medios de comunicación gozan de un papel principal en cada hogar y en muchos centros escolares, todavía hay quien se pregunta: ¿Cuál es la función de los cuentos? ¿Son realmente importantes? , ¿ES necesario educar mediante “verdades falseadas”? (como algunos llaman a los relatos de hadas)?

Y entre tanta interrogación, paralelamente se despierta una alarma social, cada vez hay menos lectores, más fracaso escolar, menos capacidad de concentración, comprensión y expresión.

La importancia de contar cuentos  los niños no implica solamente un acercamiento a la lectura, sino una necesidad vital para el sano desarrollo y evolución de cada niño.

Durante siglos y siglos se han narrado pequeños relatos que actúan sobre la vida emotiva de los niños. Las imágenes trasmitidas viven como semillas morales dentro de ellos, permitiéndoles conocer valores humanos que están en disposición de desarrollar. Enriqueciendo el lenguaje, estimulando su fantasía e imaginación, creando las capacidades necesarias para el aprendizaje en la escuela.

“La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado. La imaginación envuelve al mundo”. Albert Einstein.

Ya a la temprana edad de dos años, el niño goza sentándose en el regazo de su madre, de breves y simples relatos, con imágenes sencillas y verdaderas, rimas y repeticiones.

Entre los cuatro y siete años son importantes los relatos grandes en su sencillez, verídicos en su mensaje y con un desenlace feliz. Sin moralejas, n es necesario apelar al pensamiento (el niño todavía no está preparado para una temprana intelectualización). Lo importante es estar juntos, disfrutar del cuento con ellos en un ambiente que el adulto deberá transformar en mágico para todos.

Bastará con elegir y leer un cuento, apropiado para su edad, leerlo antes de narrárselo a ellos, porque así podemos familiarizarnos con su contenido, lo que es importante, ya que el niño capta enseguida si estoy de acuerdo con el cuento y si lo he interiorizado o no. Si este no es el caso, no escuchará con atención. Por el contrario si el adulto se identifica con lo que lee, se deja llevar de la mano de “la madre del cuento de hadas”, recuperará su parte de niño que hay en él, consiguiendo transmitir sin moralejas, ni explicaciones la sabiduría que de antaño acompaña a los cuentos de hadas. No es necesario simplificar el lenguaje, por el contrario, deberá procurar que sea enriquecedor Tampoco deberá censurar, ya que el niño pequeño, siente profundamente la injusticia y le parece bien el castigo al personaje que ha obrado mal. El niño captará a su manera, lo que hay detrás del mensaje y esa moralidad vivirá, como os indicaba antes, profundamente cual semilla en su interior.

Buscar un rincón protegido, encender una vela, cantar o recitar un pequeño verso, antes de leer el cuento, hacerlo a la misma hora, ayuda a crear el ambiente mágico que irradia el cuento.

Es muy aconsejable en el hogar contar a los niños los cuentos antes de irse a dormir, para que asienten no solo el contenido, sino el mensaje que la narración les quiere transmitir.

Los cuentos reconfortan, acercan a la realidad satisfaciendo las necesidades vitales de los niños, consuelan, tienen un valor terapéutico, educan generan un gran número de preguntas en los niños, desarrollan y fortalecen el lenguaje y el alma, otorgan afecto, identificación con los personajes y sus conflictos. Cultivan una motivación en los niños que brotará con mucha fuerza en lo más profundo de ellos, creando las herramientas necesarias para enfrentarse al mundo el día de mañana, desde la verdad y la bondad. Ningún otro género literario muestra con tanta claridad las posibilidades de trasformación que le son innatas al hombre.

Por todo esto y mucho más, contémosles cuentos, por favor.